La receta de EE UU para crear seis millones de empleos

Las encuestas muestran que en el mercado laboral hay más puestos que candidatos

Estados Unidos creó 20 millones de empleos en la última década, 5,3 millones desde que Trump es presidente. Son 101 meses de ininterrumpida creación de empleo.

Hoy, la tasa de paro está en el 3,8%, ligeramente más baja que en febrero (4%) cuando solo se crearon 20.000 empleos. El dato de un mes solamente no es ejemplo de nada, en economía, a la vista de las tendencias en el tiempo: en enero se crearon 311.000 empleos y en diciembre de 2018, 227.000. La media en los últimos tres meses ha sido de 186.000 empleos nuevos. Con un aditamento esencial: por vez primera en diez años, los salarios han subido un 3,4% respecto a 12 meses. Y la media mensual de creación de empleo en 2018 fue de 223.000.
Hay pleno empleo, suben los salarios y la economía creció en 2018 el 2,9%.
El presupuesto presentado el 11 de marzo por Trump al Congreso prevé un crecimiento del 3,2%: la Reserva Federal diiere; estima un crecimiento del 2,2%, “crecimiento sano”, dice su presidente, Jerome Powell, quien ha decidido, por ahora, ni subir ni bajar los tipos de interés. Si por Trump fuera, la Fed bajaría de nuevo al máximo los tipos.
La tasa de participación laboral está en el 63,2%. Y tiene margen de mejora, aumentando 5 puntos porcentuales y creando 6,2 millones de puestos de trabajo adicionales. Entonces, la tasa de paro sería cercana al 0%, nominal y real. ¿Es esto posible? Sí, siempre y cuando se den ciertas condiciones (que ya se vivieron en las presidencias de Kennedy y Clinton, por lo que no es una quimera). Primero: la tasa de los que trabajan a tiempo parcial y quieren un empleo de jornada total ha bajado del 8,1% al 7,3%. Las encuestas entre empresarios dicen
dos cosas: este año quieren contratar y muchos de los “temporales pasarán a ser fijos”. Ambas decisiones reducirán la tasa de paro total.
Son 4,3 millones de personas, fundamentalmente jóvenes.
A ellos hay que sumar 1,5 millones que “quieran trabajar, pero han dejado de buscar trabajo”. 428.000 de ellos no buscaron trabajo activamente “porque estaban desanimados”: son mayores de 50 años y creen que no hay puestos de trabajo para ellos. Sin embargo, por el lado de los empleadores, las encuestas de Gallup y de Advice nos dicen que los empresarios ofrecen más puestos de trabajo que candidatos se presentan: necesitan más trabajadores. La cuestión es la formación, tanto superior como en nuevas tecnologías. Los empresarios requieren cada vez más un personal más formado.

No hay más que ver dónde se creó más empleo en los últimos 14 meses: servicios profesionales y de negocio, tecnologías de la información y sanidad, sobre todo. En cambio, se creó poco empleo, o se destruyó, en agricultura, construcción y gran distribución. En este último sector se aprecia que los empleos que crea Amazon los destruyen Gap, Macy’s, Nordstrom, Sears y otros grandes almacenes.
Hace falta formación, como propuso Obama en el Proyecto Hamilton en 2006, siendo senador, en nuevas tecnologías. Dicho proyecto, demócrata, estima que, con formación en TIC, esas 428.000 personas mayores de 50 años desanimados/ as, encontrarían un trabajo acorde con sus capacidades profesionales. Hay un millón de personas más que no han buscado empleo en febrero, pero por otros motivos: bien estudiaron para remozar sus conocimientos y adquirir nuevas capacidades profesionales, bien tenían responsabilidades familiares. Es cuestión de tiempo que los primeros encuentren trabajo cuando acaben sus estudios y que los segundos también lo hagan si se impulsan programas sociales parecidos a la Ley de Dependencia española, como quieren los demócratas, que controlan la Cámara de Representantes.
Entre los más favorecidos por la creación de empleo están los hombres adultos (+3.5%), blancos (+3.3%) e hispanos (+4.3%). Salen perdiendo las mujeres adultas (-3,4%), los jóvenes de ambos sexos (-13,4%), afroamericanos (-7,0%) y asiáticos (-3,1%). Norteamérica puede incorporar al mercado laboral a los desfavorecidos, si continúa el crecimiento económico que propugna Trump, con desregulación, bajadas de impuestos, políticas que impulsen el crecimiento y la inversión empresarial y el consumo de las familias. El presupuesto para 2020 va en esa dirección, aunque solo el tiempo dirá si logra ese objetivo. Obstáculos no le faltan. El primero, la deuda pública, de 22 billones de dólares americanos versus un PIB en 2018 de 21,5 billones. El presupuesto de Trump no prevé un equilibrio de las cuentas públicas hasta dentro de 15 años. La guerra comercial con China tampoco ayuda: el precio de los productos en América ha aumentado, con el peligro de la inflación y la consiguiente respuesta de la Fed de subir los tipos. El presupuesto para 2020 muestra las prioridades del presidente y apela a su electorado: aumenta el 5% el gasto en defensa y el 10% el sueldo del personal militar a la par que prevé la construcción de la Octava Flota, nueva fuerza aérea y la creación de la sexta rama de las fuerzas armadas norteamericanas: la fuerza espacial.

Contempla bajadas de impuestos de 1,5 billones de dólares cada año que, según el presidente, se verían compensadas con un aumento de la recaudación fruto del crecimiento económico y el empleo. El muro con México se lleva 8,6 billones y medio billón destinado a la contratación de policías en la frontera.
En el lado opuesto, Trump propone recortar 1,9 billones cada año, en una década, en educación, sanidad, lucha contra el cambio climático y programas sociales (Seguridad Social, Medicaid y Medicare). Trump asignaría una partida fija para estos programas cada año (1,5 billones anuales), que los demócratas consideran insuiciente porque no contempla el ajuste del aumento de costes (una población más envejecida necesita más cuidados, por ejemplo) y el creciente incremento del precio de los medicamentos.
De nuevo, el presupuesto es ejemplo de las dos visiones de América que tienen republicanos y demócratas. Estos quieren redistribuir riqueza, especialmente el ala socialista del partido demócrata. Los conservadores desean crecimiento e inversión.
Qué visión se imponga se dirimirá en las elecciones presidenciales de 2020.

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